Lo confieso. Yo también me he puesto un tanga. Lo sé. Soy lo peor, una chunga, una cobarde que no supo decir "no". pero era jóven, una adolescente inconsciente más. Me rendí a la gran mentira, esa que trata de justificar el uso del tanga "porque así no se marca nada". Amigas, estad siempre alerta y no tengais ni un segundo de indecisión. Siempre hay alguien al acecho para aprovechar un momento de debilidad y regalarte TU PRIMER TANGA. Por supuesto, nosotras nunca nos hubieramos comprado uno. Cuando abres el regalo juras que nunca te lo pondrás pero el enemigo ya está en casa, ahí, esperando la mínima oportunidad para llevarte al lado oscuro. De pronto un día te encuentras a tí misma frente al armario y decides vestirte pa' matar. Poco a poco vas perdiendo el juicio y tarareas una y otra vez "será, será, será de guaraná". Miras de reojo al cajón de la ropa interior pero vuelves a fijar la vista en el armario. "no no no", Y sigues, "será será será de guaraná", una fuerza desconocida vuelve a atrer tu mirada. Tratas de resistirte pero ya estás perdida. Te acercas al cajón y te lo pones. Piensas, "será cuestión de acostumbrarse". Empiezas a andar por casa cada vez más rápido, cada vez con pasos más cortitos, cada vez mueves más las caderas, y te agachas y te sientas, "no mejor de pie, no, uf tengo un cosquilleo por la espalda, me pica la cabeza, qué calor, me estoy agobiando, me voy a la calle". ERROR. Hubieras estado a tiempo de salvarte de sus garras, pero cuando cruzas la puerta estas abocada a pasar la peor noche de tu vida. No paras de bailar, de saltar, de beber, te ríes por todo porque en realidad no escuchas a nadie, solo quieres quitarte el PUTO CANGA, DIGO, EL PUTO TANGA. Borracha, histérica y con ampollas en los pies de tanto moverte vuelves a casa. Te arrancas la ropa antes de llegar a tu habitación. te da igual todo con tal de deshacerte de ese artilugio infernal. Por supuesto la ropa te la arrancas tú, porque por mucho tanga que llevaras nadie se te ha adelantado en el tema de arrancarte la ropa. Y de una vez por todas pones fin a la pesadilla. Lanzas el PUTO CANGA, DIGO, EL PUTO TANGA lejos de tu vista y te calzas las bragas más grandes del cajón. De cuello alto y con pata. Te sientes mal, por unas horas te has convertido en una chunga más, pero ahora sabes cómo actúa el enemigo, conoces su estrategía y tú eres más lista. de pronto descubres tu vocación, tú misión en la tierra: abrir los ojos a todas las incautas que están a punto de caer, desenmascarar a todas las chungas que sólo quieren poner burrote al personal y hundir a los malditos fabricantes de tangas, salvaslips-tanga, y demás merchandising. Por eso estamos aquí, así que CHUNGAS, TEMBLAD!!P.D.: Este relato no es pura ficción. Cualquier parecido con la experiencia de la protagonista no es pura coincidencia.
20.9.05
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